Silencios

Katiuska King

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En una sociedad en la que todos quieren hablar, los silencios pueden ser provocadores y, a veces, indispensables, por ejemplo, para poder escuchar. Este último sentido pareciera que es percibido por la sociedad como menos importante.

Los silencios pueden ser necesarios como momentos de reflexión. Estos, como ya dije, nos permiten escuchar y pueden crear espacio para lo nuevo. Serían algo así como puertas y ventanas por donde entra el aire y la claridad para observar mejor lo que sucede a nuestro alrededor.

También, hay otros silencios, aquellos que incomodan porque muestran vacíos de fondo, ya sea por falta de conexión o por falta de empatía. En los dos casos pueden ser el reflejo de incomprensión o desinterés. Las personas no tienen nada que decir y el silencio es la única respuesta.

Luego existen otros silencios que provienen de una práctica más sutil llamada violencia pasiva – agresiva. Esta otra forma de silencios es la que se utiliza para mostrar desdén y no reconocer errores propios y endosarlos al otro.

En lo laboral se puede utilizar a terceras personas para comunicar situaciones pues la persona no quiere dar la cara, tal vez por cobardía. También en lo afectivo está la práctica del ghosting que es simplemente desaparecer y que encubre un comportamiento cobarde o temeroso. Estos son silencios que se pueden también denominar violentos.

Regresemos a la violencia pasiva – agresiva. Hace unos meses la revista The Economist publicó un artículo de su revista hermana 1843 sobre cómo la violencia pasiva es cada vez más frecuente. Para ejemplificarla cuentan la historia de una persona que ignoraba al otro y que luego se victimizaba diciendo que el otro no lo comprendía.

Como bien indican, no se trata, solo de ignorar sino también de descalificar, manipular y pretender que el otro se sienta culpable por lo que el otro quiere o busca. Como cuenta el artículo en mención, la violencia pasiva se ha convertido en una forma común de no asumir responsabilidades por los actos realizados.

Incluso hay comportamientos paternalistas como el explicado en el artículo en el que una persona no da permiso para hablar, como si fuera el padre de un hogar autoritario, argumentando cualquier justificación o pretexto para monopolizar una conversación o reunión, y no permitir que los otros interrumpan monólogos que no son diálogos.

No podemos olvidar los silencios cómplices que si bien algunos pueden ser reflexivos, en su gran mayoría provienen de un patrón que se repite de no hacer olas, de una lógica individualista para no incomodar y no intervenir en aquellas cosas por temor a represalias. El silencio es cómodo y la solidaridad incomoda. En este caso los silencios se vuelven sumisos.

En resumen, hay varios silencios, tanto los violentos como los pasivo-agresivos o los sumisos y hay otros inevitables para escuchar a los otros. Que primen estos últimos, que la motivación de los silencios sea la reflexión y no el miedo.

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